Viña del Mar, 1 de noviembre de 2026por Pablo Roncagliolo

Las Salinas: Última oportunidad

Seamos objetivos. Estamos ante la ÚLTIMA OPORTUNIDAD de transformar el borde costero de Viña del Mar en un gran espacio con áreas verdes y equipamiento que potencie el turismo, la cultura, el deporte y la calidad de vida de sus habitantes.

Una oportunidad que la ciudad no volverá a tener.

El terreno de las ex petroleras pertenece a Empresas COPEC y, como en toda propiedad privada, se podría contemplar algún tipo de desarrollo urbano conforme al Plan Regulador, siempre y cuando se ejecute y certifique un proceso de remediación efectivo y adecuado al entorno. Conforme a la normativa ambiental, el gravísimo daño ambiental generado y reconocido por la propia empresa constituye un pasivo ambiental que debe ser reparado, restituyendo el medio ambiente a una calidad semejante a la anterior al daño. Todo ello, sin perjuicio de que se avance en la legítima exigencia ciudadana de una compensación para la ciudad por las décadas de malas prácticas industriales y uso negligente del terreno, que expusieron a los vecinos de Viña del Mar y al borde costero a altísimos niveles de contaminación.

En este contexto, resulta a lo menos cuestionable que justo en estas semanas en que se ha publicado la propuesta de Imagen Objetivo del nuevo Plan Regulador Comunal (PRC), que propone para ese sector un uso preferente de equipamiento de mediana intensidad —aunque un altísimo porcentaje de la población desea un parque—, la inmobiliaria de COPEC despliegue una agresiva campaña publicitaria vociferando millonarias inversiones e ingrese anteproyectos bajo las normas del PRC saliente, mucho más permisivas en altura y densidad.

¿No sería razonable que, en pleno proceso de actualización del PRC, la Municipalidad postergara temporalmente el otorgamiento de nuevos permisos en Las Salinas, utilizando las facultades del artículo 117 de la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC)?

De lo contrario, corremos el riesgo de que se consoliden proyectos inmobiliarios bajo las normas actuales, antes de que la ciudadanía pueda decidir el futuro de este estratégico terreno.

¿No parece infructuoso discutir el nuevo Plan Regulador cuando, en estas mismas semanas, su Imagen Objetivo ya está siendo desvirtuada con el ingreso de sendos expedientes a la Dirección de Obras Municipales (DOM)?

Estoy convencido de que densificar ese terreno terminará estrangulando la conectividad urbana entre Viña del Mar y Reñaca, y sepultará para siempre la posibilidad de transformar el borde costero de la ciudad en un espacio integrador que mejore la calidad de vida de todos sus habitantes.

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